Luego de armar las carpas (Llegada a Sisuma), nos dedicamos a recorrer el campamento Sisuma, ver las lagunas cercanas, y adaptarnos a la altura, un buen te de coca, y a dormir, el cielo estaba completamente despejado esa noche y logramos ver mas estrellas que nunca antes, ese cielo tan abierto sin nosotros advertirlo nos auguraba muchas sorpresas al día siguiente.
Nuestros acompañantes tenían la ropa entrapada, algunos llevabamos prendas de lana, sacos, calentadoras, yo un par de guantes, que estaban entrapados y frios y lo que en el valle de los frailejones que habíamos pasado hace unos minutos atrás ahora era una ventisca con agua y hielo, la naturaleza no nos dejó pasar, y cuando la naturaleza dice algo hay que escucharla, así que no logramos llegar y emprendimos el camino de vuelta, con la tempestad que nos seguía, llegamos a la base de la cara suroriental para llegar al alto del cusirí, pero lo que habia sido una bajada mas o menos rápida ahora era una escalera sin fin, y para este punto el bocadillo que habíamos llevado se había acabado. el viento era tan fuerte que si prendíamos la estufa para calentar algo de tomar esta se apagaba no teníamos como resguardar la llama, y así transcurrió la subida, y paradójicamente mientras subíamos el clima mejoró, luego de coronar la cima del paso y empezar a bajar ahora por la cara noroccidental, toda la lluvia que había caido se escurría por el sendero que nos llevo hasta arriba la primera vez, asi que preferimos apresurarnos y no tener más sopresas.
Luego, en el páramo, la cabaña se nos hacía lejana, finalmente llegamos, toda la ropa completamente mojada, las botas también, nos acomodamos en la chimenea de la cabaña y no supe mas de mí, hasta la mañana siguiente.
- Y hasta donde fueron?- Nos preguntó la persona que atiende en la cabañana.
- Pasamos el alto del Cusirí.
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